miércoles, 22 de octubre de 2014

DON SANTIAGO BLANCO PUENTE (1901-1987), UN "CAMALEÓN" INSTITUCIONISTA


Culto, elocuente, pulcro, educado, elegante, coqueto, reservado. Todo un gentleman que disponía de un fondo de armario espectacular lo que le permitía cambiar con frecuencia de vestimenta. Así era don Santiago. Yo sabía de él por mi madre a quien impartió la asignatura “Agricultura y técnica agrícola e industrial” de 6º de bachillerato en el instituto durante el curso 1933-1934 y fue el presidente del tribunal que me examinó de ingreso el 1 de junio de 1951. En el curso 1958-1959 lo tuve como profesor en Preuniversitario donde nos impartió el monográfico “Biología marina y aprovechamiento de los animales del mar”. Fue un magnífico curso preparado concienzudamente, con un alto grado de sistematización y racionalidad. Como se trataba de un curso sobre una técnica biológica ello significó un reencuentro con su inicial territorio docente. Nos enseñó el mar como medio físico y biológico, la fauna marina y su interés económico, las técnicas pesqueras y las relaciones entre el mar y la alimentación humana. Fuimos vecinos entre 1969 y 1972 en el número 2 de la calle Afligidos. Desde 1942 vivía en un ático construido en la terraza sobre el piso que nosotros ocupamos, el 5º B. Su vivienda era un pequeño museo en el que conservaba parte de la producción pictórica de su padre. En la finca también vivían Purita Ojeda, Félix López de Uralde, Fernando Villarejo de los Campos y Luis Ojeda Villarejo, su mujer Maricheles Artieda Fernández y sus cinco hijos; esta última familia en un dúplex del 5º A.




Don Santiago nació en Madrid el 25 de julio de 1901 y era hijo del pintor, escritor y periodista malagueño José Blanco Coris que a finales del siglo XIX fijó su residencia en la capital. Estudió bachillerato en el Instituto San Isidro y entre 1917 y 1922 la licenciatura y el doctorado en la Facultad de Ciencias –sección Ciencias Naturales- de la Universidad Central de Madrid. Entre 1920 y 1932 se mantuvo en la órbita de la Institución Libre de Enseñanza. En 1920-1921, siendo alumno del último año de licenciatura, asistió al curso  práctico de “Biología animal” impartido por el republicano don Antonio de Zulueta Escolano y en 1922-1923 asistió al Laboratorio de investigaciones físicas de la Junta de Ampliación de Estudios para mejorar sus conocimientos. El 5 de febrero de 1924 fue admitido como aspirante al magisterio de secundaria (sección Ciencias Naturales) impartiendo docencia en el Instituto-Escuela bajo la orientación del catedrático de esta disciplina don Federico Gómez Llueca quién le inculcó el interés por la fotografía y al mismo tiempo que fue colaborador en el curso de “Práctica de mineralogía y geología” dado por el geólogo y paleontólogo republicano don José Royo Gómez en el Museo de Ciencias Naturales. En 1925 obtuvo por oposición plaza de especialista en Ciencias Naturales en la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid y cobraba 156 pesetas mensuales por sus clases en el Instituto-Escuela. 
En 1932 realizó las oposiciones a la cátedra de Agricultura y técnica agrícola e industrial” nombrándosele el 23 de agosto de ese año para ocupar la del Instituto de Teruel y en virtud de traslado, antes que acabara el año, obtuvo nuevo destino en el de Málaga. En 1937, posiblemente siguiendo al gobierno republicano, se encontraba destinado en el Instituto Blasco Ibáñez de Valencia. Así consta en la portada de dos de sus libros editados ese año en Valencia por la editorial Nuestro Pueblo -vinculada al partido comunista y “creada al calor de la lucha contra el fascismo”- en su colección “Biblioteca popular de cultura y técnica”. Las plantas cultivadas y Los animales domésticos fueron sus títulos. En 1936, poco antes del comienzo de la Guerra Civil, formó parte de la Junta dictaminatoria de libros de texto de bachillerato sobre “Técnica industrial agrícola y nociones de economía”. Padeció el proceso de depuración política y una vez resuelto el 16 de noviembre de 1940 se le inhabilitó para sustentar cargos directivos y de confianza. En 1941 estaba destinado de forma provisional en el suprimido Instituto Lagasca de Madrid, aunque adscrito a la nómina del Instituto San Isidro y este mismo año se le destinó nuevamente al Instituto de Málaga. Al suprimirse la enseñanza de la agricultura pasó a ocupar la cátedra de “Ciencias Naturales”. El 5 de abril de 1948 se procedió a la revisión de su sanción y quedó sin efecto la inhabilitación por lo que pudo ocupar la secretaría de la sección de ciencias en el recién fundado Instituto de Estudios Malagueños en mayo de 1948, ser consejero del Patronato “José Mª Cuadrado” del CSIC en 1949 e interventor del instituto malagueño durante varios años. Fue jubilado el 25 de julio de 1971 tras recibir un cariñoso homenaje de compañeros y antiguos discípulos.
Dada su afición a la fotografía en 1948 participó en un concurso de fotografía agrícola convocado por el Ministerio de Agricultura con el lema “Henequén” obteniendo un premio de 500 pesetas y participó en Madrid (1951) en la Exposición de fotografías folklóricas obteniendo premio y diploma. En 1976 se le concedió la Cruz de Alfonso X el Sabio. La perdida de su amigo Carlos Gea García-Rubio en 1981 y su cada vez más quebrantada salud determinó su traslado a Madrid para ser atendido por su hermana Dolores. Allí falleció el 5 de agosto de 1987.

jueves, 4 de septiembre de 2014

MI EXAMEN DE INGRESO

El 1 de junio de 1951 de la mano de mi madre me encamine a la calle Gaona donde iba a sufrir el examen de ingreso. La situación no era completamente nueva para mí pues el 21 de septiembre del año anterior había realizado un examen de características similares para ingresar en el conservatorio. Por el camino mi madre me hablaba del presidente de aquel tribunal que había sido su profesor de "Agricultura y técnica agrícola e industrial", una asignatura del 6º curso de su bachillerato en 1933-1934, cuando el instituto era mixto. Ese presidente del que tan buen recuerdo tenía mi madre era Don Santiago Blanco Puente. Le acompañaban como secretario don Rafael Vela Díaz, profesor de Lengua y literatura española y como vocal el P. Rafael López Espinosa que enseñaba religión, elemento omnipresente en todos los tribunales. La prueba consistió en el siguiente dictado: “Pasado el estupor que produjo el amargo desengaño, en lugar de buscar recurso para salir de aquel trance con el menor desaire posible, entregose de lleno al furor de su despecho y domináronle sus instintos rencorosos y vengativos.” (fragmento de José Mª Pereda, Don Gonzalo González de la Gonzalera, X: Lo que descubrió la feria) y dos operaciones aritméticas, una cuenta de dividir por tres cifras sin extracción de decimales y la operación inversa posiblemente como prueba. La del 9 era desconocida para un niño de 10 años. 
Como puede comprobarse cometí dos faltas de ortografía: en la palabra domináronle (complicada hasta para quien dicta) escribí dominaroles y vengativos con b. Se observa la escasa pericia de la firma.

lunes, 24 de marzo de 2014

LA SEGUNDA LÍNEA DE COMBATE ACADÉMICO: LOS PROFESORES ADJUNTOS DEL INSTITUTO (1958-1959)




La Ley de 26 de febrero de 1953 sobre ordenación de enseñanza media reconoció en su artículo 43 la figura del profesor adjunto como integrante del profesorado oficial, junto a los catedráticos numerarios, los profesores especiales (lenguas modernas, enseñanzas artísticas, trabajos manuales, Formación del espíritu nacional, Educación física, Enseñanza del hogar) y los profesores ayudantes auxiliares de la enseñanza práctica. Las funciones de estos profesores adjuntos se recogían en el artículo 46 que decía: “tendrán por misión coadyugar a la labor de los catedráticos numerarios, sustituirlos en los desdoblamientos de clases, en las ausencias y en las vacantes”. La denominación no era nueva, pero adquiría esta figura docente un nuevo estatus jurídico. En realidad ya en un decreto de 1939 que desarrollaba la base XIII de la Ley de 20 de septiembre de 1938 de reforma de la enseñanza media contempló al profesor auxiliar adjunto y en un nuevo decreto, éste de 1942, la figura quedó reducida a la de profesor adjunto “cuya misión, aparte de las suplencias, sería colaborar asiduamente, bajo la dirección del catedrático respectivo, en las tareas de cátedra”. Este proceso cuncluyó el 1 de enero de 1958 cuando se cerró con carácter definitivo el escalafón nacional de profesores adjuntos de institutos y por decreto 21 de marzo de 1958 se constituyó el Cuerpo de Profesores Adjuntos Numerarios de Institutos Nacionales de Enseñanza Media.

En el Instituto femenino Vicente Espinel quedó integrado el siguiente profesorado: Manuel Bonachera Arias (n. 1900) en Matemáticas, Amalia de Miguel y Miguel (n. 1911) en Italiano, José Ruiz Fernández (n. 1916) en Filosofía, Valentín Aldeanueva Salguero (1914-2000) en Matemáticas, Antonio García de Sola (n. 1891) en Matemáticas, María Concepción Serriere Cruz-Ulloa (n. 1897) en Francés, María Victoria Ocón Rodríguez (n. 1902) en Alemán y María Teresa Huelin Vallejo (n. 1912) en Inglés. Todos tomaron posesión de sus plazas el día 4 de octubre de 1958. Don Valentín Aldeanueva cesó el 30 de septiembre al pasar por traslado al instituto masculino e impartió ya ese año el curso monográfico de matemáticas al Preuniversitario.

En el caso del Instituto masculino Nuestra Señora de la Victoria a algunos de los profesores que se integraron se les reconoció una gran antigüedad, tales como Fernando Casal Soto, Adolfo de la Torre Bonifaz y Esteban Cebrián Sáenz; otros desde los años 40 María Godoy Rosado y Emilio Jiménez Souvirón. A Francisco Báguena Novella, Juan Cutillas Fuentes y Francisco de Asís Fortuny Ramos se le reconoció una antigüedad de fecha posterior a la proclamación de la ley.

Fernando Casal Soto nació el 30 de enero de 1889 en Jerez de la Frontera (Cádiz). Ya en 1915 intentó opositar a cátedra de francés del instituto de Soria. Como profesor adjunto de instituto (Francés) se le reconoció una antigüedad al 30 de noviembre de 1921. En 1930 está en Jerez de la Frontera, sigue el 31 de agosto de 1937 (presencia la incautación de libros) Pertenece al batallón Miliciano de Jerez (derecha). En marzo de 1963 hay constancia de haber ya fallecido
Adolfo de la Torre Bonifaz nació en Málaga el 11 de diciembre de 1894. Licenciado en Medicina. Médico de profesión que formó parte de la Junta directiva Colegio de Médicos en 1920 y 1921. En la calle Bolsa 8 tenía un establecimeinto dedicado a la gimnasia, masajes, esgrima y duchas (constatado entre 1925-1930). Como profesor adjunto de instituto (Educación Física) se le reconoció una antigüedad al 27 de marzo de 1935. Falleció en junio de 1964
Esteban Cebrián Sáenz nació en Málaga el 7 de mayo de 1899. Licenciado en Filosofía y Letras. Auxiliar numerario en 1939. Como profesor adjunto de instituto (Filosofía) se le reconoció una antigüedad al 1 de octubre de 1934. Por Orden 4 de mayo de 1939 fue confirmado en su cargo tras el expediente de depuración política. Archivero-Bibliotecario de la Diputación Provincial de Málaga. Por Orden 12 de abril de 1956 fue nombrado vocal del patronato coordinador de Bibliotecas de Málaga. Murió en Málaga el 27 de febrero de 1989
María Godoy Rosado nació en Málaga el 10 de mayo de 1900. Licenciada en Ciencias (Sección Químicas). Como profesora adjunta de instituto (Física y Química) se le reconoció una antigüedad al 21 de enero de 1942. Falleció en Málaga el 20 de octubre de 1986
Valentín Aldeanueva Salguero nació en Torija (Guadalajara) el 14 de febrero de 1914. Fue nombrado profesor adjunto de matemáticas del instituto femenino de Málaga en enero de 1945 y un año después también obtuvo la cátedra de Álgebra en la Escuela de Peritos Industriales. En ella ocupó los cargos de secretario, interventor y subdirector en1964. En 1958 quedó integrado en el Cuerpo de Profesores Adjuntos Numerarios de Institutos Nacionales de Enseñanza Media con destino en el Instituto Vicente Espinel, pasando por traslado en octubre de ese mismo año al instituto masculino. Como profesor adjunto de instituto (Matemáticas) se le reconoció una antigüedad al 31 de enero de 1945. En 1960 obtuvo una plaza de profesor adjunto en la Escuela de Maestría Industrial. En 1979 quedó integrado en el Cuerpo de catedráticos de Escuelas Universitarias, pero hubo de abandonar, por incompatibilidad, sus restantes puestos docentes. Falleció en Málaga el 6 de mayo de 2000.
Emilio Jiménez Souvirón nació en Málaga el 2 de julio 1889. En el instituto ocupó cargos docentes (ayudante numerario de idiomas) y administrativos (jefe de negociado de 2ª clase) ya en la década de los años 30. En agosto de 1936 el gobierno de Valencia lo separó de su cargo, pero pasó a formar parte nuevamente del equipo directivo como secretario desde 1939 y propuesto de forma casi continua hasta su jubilación. Como profesor adjunto de instituto (Francés) se le reconoció una antigüedad al 14 de mayo de 1946. Murió en Málaga el 15 de febrero de 1960
Francisco Báguena Novella nació en Teruel el 29 de marzo de 1904. Licenciado en Filosofía y Letras (Sección Historia) (1929-1931) En 1931 (está vacante Málaga en junio, en noviembre ocupada) ya pertenecia al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos con destino en el Archivo de la Delegación de Hacienda de Málaga. Profesor en la Academia “El Doctor Angélico” en los años 40. En 1955 se le nombró Director de la Biblioteca Pública de Málaga y de la Casa de la Cultura y por Orden 12 de abril de 1956 fue nombrado secretario del patronato coordinador de Bibliotecas de Málaga. Como profesor adjunto de instituto (Latín) se le reconoció una antigüedad al 25 de septiembre de 1953. Fallece en Málaga el 26 de agosto de 1986
Juan Cutillas Fuentes nació en Arjona (Jaén) el 9 de julio de 1900. Licenciado en Ciencias (Sección Ciencias Exactas). Enseñó Ciencias naturales en el Instituto de Cuevas de Almanzora (Almería) en 1932. Como profesor adjunto de instituto (Matemáticas) se le reconoció una antigüedad al 6 de diciembre de 1955 con destino provisional en Instituto de Málaga. Destino definitivo lo octuvo en el Instituto de Córdoba en 1962
Francisco de Asís Fortuny Ramos nació 21 de diciembre de 1891. Alcanzó el grado de Profesor Mercantil en Barcelona en 1911 con sobresaliente y premio extraordinario y el de Contador Mercantil en 1912. En 1920 ya era catedrático de Inglés en la Escuela Superior de Comercio de Málaga. En 1956 obtuvo por oposición una plaza de profesor de la Escuela de Peritos Industriales. Como profesor adjunto de instituto (Inglés) se le reconoció una antigüedad al 6 de diciembre de 1955. Su fallecimiento debió producierse entre el 24 de marzo de 1973 y el 28 de junio de 1981

domingo, 16 de marzo de 2014

EL TOSCO

Dicen, que con los años, cada vez precisamos dormir menos. Yo creo que es porque uno se va convirtiendo en más crítico de si mismo. Primero, recuerdas lo que querías hacer y no hiciste, y eso te impide conciliar el sueño. Luego, analizas aquello que hiciste y no debías haber hecho y eso no te deja dormir.

La historia que hoy cuento - y en la que mi intervención, no me hace sentir demasiado satisfecho - es la de Don Ángel. Era catedrático de geografía en el instituto Gaona de Málaga, y aunque su nombre de pila es el que acabo de expresar, todos los alumnos, no importa de que curso, le conocían como “El tosco”.

Este alias, que aprendías a los pocos días de entrar de “pipiolos”- como eran llamados despectivamente los alumnos de primer año - pasaba generación tras generación de estudiantes, pronunciándose a veces en su presencia y, desde luego, en cuanto volvía la espalda. Esto era así, ya que Don Ángel estaba más sordo que una tapia y si no miraba fijamente a la cara de su interlocutor, no sabía, a ciencia cierta, que es lo que este, estaba diciendo.

Viudo desde hacía años, vivía con su hija - también profesora - que cuidaba de él, y que incluso en público, le hacía objeto de frecuentes regañinas, por su poco cuidado aspecto, en donde su camisa arrugada, alguna mancha en la chaqueta y los bolsillos repletos de toda clase de papeles, eran las características de Don Ángel.

Contaban que tras la guerra civil, había sido “depurado” por sus ideas democráticas, y esto - aún sin habérsele achacado nada delictivo - le llevó aparejado la postergación en muchos puestos en su escalafón de funcionario y un destino de castigo, en una isla del archipiélago canario, hasta que a principios de los años cincuenta, perdonados por el ministerio - aunque no olvidados - sus pecados liberales, pudo regresar nuevamente a la península, obteniendo plaza en la ciudad andaluza.

El tosco”, a partir de entonces, aprendió a hablar sin decir nada, y sus más atrevidas frases en política - cuando en su asignatura había de referirse al sistema – eran aludir a él como “el régimen nacional sindicalista, analítico sintético”, diciendo las dos últimas palabras con un hilo de voz y mirando la puerta siempre lo hacia, no fuese que alguien escuchase fuera.
Y conste, que su agudeza era mucha, aún recuerdo una de las frases que más me hicieron pensar y que con el tiempo me convencieron de lo lúcido de su pensamiento. “Las cuatro grandes potencias – afirmaba refiriéndose al reparto de poder tras la guerra mundial – son tres, Estados Unidos y Rusia."

Su apodo se debía - además de a su aspecto - a lo brusco y desabrido de sus maneras, en gran parte motivadas por el defecto físico de su sordera que le hacía desconfiar de todo el mundo, y la verdad es que - al menos por lo que concernía a los alumnos - no le faltaba razón.


Una de las bromas con las que solíamos reírnos del pobre hombre, era la petición de salida de clase. Consistía el asunto, en que uno de los escolares se dirigía a él y, sin mirarle directamente a la cara y haciendo gestos exagerados de no poder aguantar las ganas de orinar, le decía en voz queda: Don Ángel, ¿me da usted permiso para ir a cagarme en su padre...?

El profesor, guiado más por lo que veía que por su oído, e interpretando la petición por los gestos, respondía complaciente - Si hijo, ve, pero no tardes demasiado. La carcajada era general y aunque intuía que algo había sucedido, la angelical cara del alumno que tenía delante, le dejaba sin argumentos.

No obstante, incluso en aquellos años las ciencias adelantaban que era una barbaridad, y un buen día apareció nuestro hombre en clase, con un moderno audífono.

El aparato, último grito en la época, era un armatoste del tamaño de una caja de puros, que llevaba Don Angel colgado del cuello y del que salía un indiscreto cable negro acabado en un auricular tipo teléfono, que se prendía - a su vez - a unos de sus pabellones auditivos.

- ¡Tecnología alemana...! - gustaba decir su dueño mientras lo palpaba orgulloso. No obstante, debía ser tecnología de primera generación, porque era raro el día, que en uno u otro momento no se estropeaba. Pese a todo y por si las moscas, la “bromita” del permiso para salir a orinar, dejó - por elemental prudencia - de gastarse.

Pero ¿que no serán capaces de urdir treinta diablos de catorce años? Al poco, el pobre Don Ángel sufría de una nueva modalidad de broma.

Con la clase en silencio, uno de nosotros - previamente designado por sorteo - se dirigía al profesor, que preguntaba, con su tradicional hosquedad, que deseaba.

El alumno, comenzaba entonces a mover los labios como si hablase, aunque en realidad no decía nada. Don Ángel, achacando el no oír a un defecto del aparato, empezaba a trastear este, y a subir el volumen. Cuando el mando de audición estaba al máximo, el escolar, con toda la fuerza de sus pulmones expresaba su petición, dejando - y ahora por exceso - a Don Ángel, sordo del bocinazo. La carcajada era de antología, y para colmo, aún había de aceptar las disculpas que el alumno - en tono compungido le ofrecía - achacándose todo, a un fallo del audífono.

Y así, fueron pasando los años, y entre bromas y sustos - los días en que nos descubría - llegó el momento de su jubilación. El instituto le ofreció una placa y le brindó un homenaje en el que no faltaron los discursos. Entre otros el del profesor de Formación Política, que se las daba de orador, y que prodigó frases como, “servidor de la patria”, “deber cumplido”, “español insigne” y otras de idéntica factura…Don Ángel - mi entrañable “tosco”- asistió al acto en silencio, y sin enterarse absolutamente de nada, porque aquel día - sospecho que intencionadamente - había olvidado en casa su sonotone.

viernes, 4 de octubre de 2013

DON FULGENCIO EGEA ABELENDA (1900-1961)




En una entrevista realizada al doctor Pedro Sánchez García (n. 1930), catedrático jubilado de Farmacología en la Universidad Autónoma de Madrid, publicada el 4 de marzo de este año, recordaba con cariño a los dos profesores que un mayor impacto habían ejercido en su vida desde que estudiaba el bachillerato en el Instituto de Ávila.  Decía de don Fulgencio: “un filósofo que utilizaba el método aristotélico y nos daba clase paseando por el campo”. En el mismo sentido se pronunció mi compañero de curso Valeriano Claros Guerra en el debate que se suscitó en la Mesa redonda celebrada el 19 de mayo de 2011 con el título “Los alumnos del Instituto, un legado de futuro” dentro de los actos conmemorativos del 50 aniversario del Instituto de Martiricos. Es significativo que el referente más comunmente utilizado tenga que ver con un mero formalismo, simpático, pero nada más. Carlos Navarrete Trigueros, de dos cursos posteriores al nuestro, le recordaba con cariño en este mismo blog y nos contaba una amable anécdota personal.

Estoy plenamente convencido que su peripatetismo –desde luego su pensamiento nada tenía que ver con la rancia neoescolástica española de los siglos XIX y XX- no traspasaba el limitado territorio de lo formal que al parecer cultivó desde el comienzo de su actividad docente. No soy tan atrevido como para tratar de enmarcar a don Fulgencio dentro de una corriente filosófica concreta, entre otras razones porque me faltan fuentes en las que apoyarme. Desgraciadamente no conservo los apuntes de aquel espléndido curso monográfico sobre “La familia” que nos impartió en Preuniversitario. Se los presté a un compañero que realizó la prueba de madurez en la convocatoria de septiembre y como suele ocurrir en estos casos no adquirió un billete de ida y vuelta. ¡Con cuanto interés habría hecho su relectura después de tantos años y desde la madurez adquirida! Basándome exclusivamente en mis recuerdos he llegado a la convicción que en la preparación de este curso don Fulgencio se desentendió de las recomentaciones ministeriales y en lugar de usar el libro La familia según el derecho natural y cristiano del cardenal Isidro Gomá y Tomás, cuya primera edición era de 1926 y la sexta de 1952, manejó, entre otros sin duda, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Friedrich Engels. Las referencias a la familia sindiásmica no dejan lugar a dudas y no debemos olvidar que era un gran conocedor de la filosofía alemena contemporánea y había sido prologuista y traductor de obras de Arthur Schopenhauer (Sobre filosofía y su método, Sobre lógica y dialéctica, Pensamientos sobre inteligencia general, La oposición de la cosa en si y el fenómeno, Contribución a la ética, Sobre lectura y libros y algunos versos)

Hay que lamentar que don Fulgencio Egea sea un gran desconocido para los malagueños/as y posiblemente sus alumnos/as le recurden sólo por ser “aquel pintoresco profesor que nos llevaba al puerto o al parque” para impartirnos alguna clase. Desde luego fuimos muchos los que estuvimos cerca de él aquella triste mañana de diciembre de 1961. Para reparar en lo posible esta carencia de información sobre su persona me decido a escribir esta nota biográfica que al menos permitirá entender algo mejor su actividad docente y como pequeño pago a una deuda enorme de gratitud que mantengo. Gracias, porque me invitastes a pensar de otra manera. Lo más hermoso que un discípulo puede decir de su maestro.
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Don Fulgencio Egea Abelenda había nacido el 21 de agosto de 1900 en El Ferrol (A Coruña). Estudió Filosofía y Letras (sección Filosofía) en la Universidad Complutense obteniendo en 1921 el premio extraordinario de licenciatura en dicha sección y en 1926 el premio extraordinario de doctorado. El 7 de febrero de 1930 obtuvo la cátedra de Filosofía y fue destinado al Instituto de La Laguna, del que fue nombrado secretario en 1931. En 1933 la Junta de Ampliación de Estudios lo consideró como pensionado para desplazarse cinco meses a Alemania, si bien hubo de pagarse la estancia. El 30 de abril de 1937, siendo además ayudante en la cátedra de Filosofía en la Universidad de La Laguna, fue acusado por la Comisión Depuradora de Tenerife de apoyar al Frente Popular y ser miembro del Socorro Rojo, siendo sometido a un proceso de depuración que se resolvió con la separación definitiva del servicio e inhabilitación para ocupar cargos directivos y de confianza. En enero de 1940 presentó un recurso por el que fue aminorado con un traslado forzoso y mantenimiento de la inhabilitación. Pasó a desempeñar la cátedra de Filosofía en el Instituto de Ávila. Entre 1950 y 1954 estuvo destinado en el Instituto de Aranda de Duero y en enero de 1953 le fue cancelada la sanción de inhabilitación que pesaba sobre él. En 1954 en virtud de concurso de traslado se incorporó al Instituto femenino de Málaga y en 1957, tras nuevo traslado, pasó al masculino. Cuando se produce su traslado a Málaga estaba ya separado de su mujer doña Rosario Rico Martí, que residía en Madrid con una hija, y vivía con su madre Dolores Abelenda Pita, una viuda octogenaria, en la calle Juan Valera 2 (Pedregalejo), la casa en cuyo primer piso estaba la peluquería de Anita de los Ríos y en el bajo la heladería Lauri. Tras una corta enfermedad, que debió dar sus primeras manifestaciones clínicas hacia el mes de septiembre, murió en Málaga el 24 de diciembre de 1961.

Publicaciones:
Algunos Opúsculos de Arturo Schopenhauer. Madrid: Editorial Reus, 1921
Sobre “La Galatea” de Miguel de Cervantes. Madrid: Tipografía de la Revista de Archivos, 1922
El ser de mi mismo. Ceuta: Instituto Nacional de Enseñanza Media, 1962

miércoles, 28 de agosto de 2013

AQUEL PREUNIVERSITARIO (1958-1959)





En aquellos primeros días de octubre de 1958 nos reunimos 59 estudiantes en el patio del instituto masculino de la calle Gaona para iniciar el curso Preuniversitario. Sólo nueve (Valeriano Claros Guerra, Francisco Díaz Molina, Emilio Galán Huertos, Rafael Ángel Gil Rivas, Antonio Lara García, Rodrigo Martín Orús, Eduardo Medina Sibajas, Rubén Darío Rodríguez Pérez y Diego Ruiz Galacho) procedían como alumnos oficiales del propio instituto y el resto de la enseñanza colegiada tanto de centros privados legalmente autorizados y reconocidos (San Agustín, Nuestra Señora de la Victoria de los HH. Maristas, San Estanislao de los jesuitas) como de autorizados pero no reconocidos y cuyos exámenes eran realizados en el instituto con matrícula libre (Nuestra Señora de las Mercedes, Sagrado Corazón de Jesús, San Fernando). En tal sentido el instituto se convirtió en un centro de atracción pues a pesar de perder un 59% parte de su alumnado –en el curso 1957-1958 habían cursado 6º de bachillerato 22 alumnos- el incremento de matriculación fue espectacular alcanzando un 168%. Esta estructura determinó la existencia de un núcleo de alumnos cohesionado por años de convivencia y dominadores del espacio tanto físico como social que ocupábamos y una periferia muy desestructurada y marginal.

El Preuniversitario implantado desde el curso 1953-1954 funcionó los cuatro primeros años completamente desreglado y con un alto grado de provisionalidad. Por fin en septiembre de 1957 fue conocido el modelo de enseñanza basado en cursos monográficos que cambiarían anualmente. Los que nos correspondieron ese año se hicieron públicos para profesores y alumnos en junio de 1958 lo que representaba una gran dificultad para el profesorado encargado de impartirlos al disponer de escaso tiempo para su preparación. Con nuestra promoción feneció este modelo volviéndose al sistema de cursos regulares, tras un corto periodo de cursos mixtos. El profesorado adscrito a cada unos de los cursos fue el siguiente: para los comunes doña Elena Villamana Peco (1908-1995), don Fulgencio Egea Abelenda (1900-1961), don José Cruces Pozo (1924-1965) y don Emilio Jiménez Souvirón (1889-1960); para la opción de ciencias don Valentín Aldeanueva Salguero (1914-2000), don Santiago Blanco Puente (1901-1987) y don Eduardo García Rodeja (1891-1983); para la opción letras don Lucas Martínez Tobaruela (1912-d. 2002) y don Francisco López Ruiz (1908-1966)

La catedrática Elena Villamana fue la encargada de impartir el monográfico “Cartas de relación de Hernán Cortés y demás historiadores de Indias. Estudio de su época” centrado en la acción española en America durante el reinado de Carlos V y el temario debía desarrollarse en base a lecturas de textos de los cronistas de Indias y completarse con excursiones a los lugares carolinos. Era un tema clásico de la historiografía franquista destinado a exaltar la conquista y colonización de America y su labor evangelizadora. Al catedrático Fulgencio Egea, que además fue el tutor del curso, se le encomendó “La Familia” con temas concretos tales como “El matrimonio como sacramento” o “Valor santificador del matrimonio” o “Restauración de la familia como centro ordinario de vida cristiana” y con afirmaciones tales como “vínculos naturales trascendentes hacía los planos espirituales y sobrenaturales” o sugerencias como “especie de preparación al matrimonio y la familia” dada la edad del alumnado. Se acudió a Cruces Pozo, catedrático de Geografía e Historia de la Escuela Normal de Magisterio masculino, para que explicara el curso sobre “Italia y la Ciudad del Vaticano” centrado en temas clásicos de geografía regional en la parte referida a Italia; el temario sobre la Ciudad del Vaticano tenía, obviamente, unas connotaciones muy diferentes: “la independencia territorial como salvaguarda de los intereses espirituales” o “la universalidad del catolicismo y su necesaria influencia política y social”. El profesor auxiliar y secretario del centro Jiménez Souviron fue el encargado del idioma moderno (opción francés) “Poemas de Alfredo de Vigny. Obras de otros autores de la misma época”. Aparte de la tradicional actividad traductora, tal vez lo más llamativo fuera la pretensión de fomentar la conversación y que el profesor explicara las lecciones en el idioma elegido por el alumno. Alfred de Vigny era un autor muy del agrado del régimen: moralista, alta valoración del honor y pesimista “el hombre había nacido para sufrir en su cuerpo, en su espíritu y en su corazón”.  

Al profesor adjunto y al mismo tiempo catedrático de Álgebra en la Escuela de Peritos Industriales Valentín Aldeanueva se le adscribió la enseñanza del curso “Introducción a los métodos estadísticos y 250 problemas de Matemáticas”. En lo referente a la estadística desarrollo de temas básicos tales como la estadística descriptiva, representaciones gráficas, uso de “máquinas de calcular” o distribuciones fundamentales y en cuanto a la resolución de problemas los 251 al 500 de una lista publicada en marzo de 1958. Santiago Blanco, catedrático de Agricultura, nos impartió “Biología marina y aprovechamiento de los animales del mar”; un curso de muy buena estructuración temática: el mar como medio físico y biológico, la fauna marina y su interés económico, las técnicas pesqueras y las relaciones entre el mar y la alimentación humana. El más veterano en el escalafón de catedráticos del instituto, García Rodeja, “Radio y Televisión”. Aunque se ponía énfasis en el desarrollo de los aspectos tecnológicos la mayor parte del temario estaba dedicado a los fundamentos científicos de las técnicas y sólo los cuatro últimos a su realización practica (emisora y receptora); en definitiva estaba más centrado en los fundamentos físicos de la radio y la televisión que en los aspectos puramente tecnológicos.

El resultado en la convocatoria de junio de este curso, que abría o no la puerta al examen de madurez a realizar en Granada, fue la siguiente: la Junta de profesores consideró aptos a 34 (57’6%), 9 debieron realizar una prueba especial (15’2%) y 16 no aptos (27’1%), de ellos 4 por insuficiente asistencia. Aun cuando no se expidió una calificación numérica individualizada por asignaturas conocemos que don José no otorgó su plácet a 10 estudiantes, don Emilio a 9, don Valentín a 8, doña Elena y don Eduardo a 6. El resto del profesorado no encontró motivos para cuestionarse algún estudiante. Sólo tres estudiantes quedaron pendientes para septiembre con 5 cursos, con 4 cinco alumnos, con 3 cuatro y con 2 tres. Posiblemente los 9 que debieron realizar la prueba especial tenían pendiente un solo curso, pero desconozco cuales pudieron ser y el resultado de esta prueba.

Muy posiblemente no sea posible encontrar una respuesta unitaria a este curso ya que estarían cargadas de subjetividad. En mi caso me quedo con el curso de don Fulgencio Egea que se desentendió de las orientaciones ministeriales y nos dio un admirable curso. Parecía pensado para que lo impartiera un cura y no un filosofo. Así mismo con el impartido por don Santiago Blanco. Se notaban sus muchos conocimientos y posiblemente también una excelente preparación del mismo. Por último la resolución de los problemas de matemáticas por don Valentín Aldeanueva. Pero la opinión de mi compañero Valeriano Claros es discordante con la mía: para él fueron los mejores el de doña Elena Villamana y el de don Eduardo García Rodeja, hasta el punto este último de determinar su futuro profesional.

No es de fácil ejecución hacer un seguimiento de las carreras emprendidas por los distintos compañeros de este curso. Sin duda fueron los médicos los que batieron el record con 12; 5 ingenieros superiores, 3 derecho, ciencias y filosofía y letras respectivamente, 3 ingenieros técnicos industriales, 2 estudios eclesiásticos, 1 ciencias de la información, 1 ciencias económicas y empresariales, 1 arquitecto técnico y 1 pedagogía.

Independientemente de la titulación académica lograda en once está constatada su dedicación a la docencia: Miguel Lorente Dochado (Maestro-Inspector de EGB), Francisco Díaz Molina (Catedrático de Instituto), Fernando Marti Pallarés (Profesor de Ciencias en un colegio privado), Francisco del Pino Roldán (Agregado de Instituto), Antonio Márquez Royo (Maestro de laboratorio de universidad laboral), Diego Ruiz Galacho (Profesor Titular de Escuela Universitaria de Hacienda Pública), Juan Luis Carrillo Martos (Catedrático de Universidad de Historia de la Ciencia), José Antonio Correa Rodríguez (Catedrático de Universidad de Filología Latina), Juan Manuel de la Cruz Fernández (Catedrático de Universidad de Filología Inglesa), Emilio Galán Huertos (Catedrático de Universidad de Cristalografía y Mineralogía) y Antonio Lara García (Catedrático de Universidad de Teoría e Historia de la Imagen)

viernes, 29 de marzo de 2013

“EL PICHI”




Don Luis Romero era, a inicios de los años sesenta, Jefe de Estudios del instituto de la calle Gaona de Málaga. No llegaba a medir más allá de un metro sesenta de altura, pero pese a ello tenía un carácter fuerte con los alumnos, que le llamaban - al alimón - “el Pichi” o el “Pegaso” según partidarios de una u otra denominación.

El alias de “Pichi”, no tenía clara su etimología, pues algunos sostenían que era debido a que caminaba - en un intento de aparentar más altura - tieso como el personaje del chotis de “las Leandras”; “Pichi, el chulo que castiga...” mientras otros opinaban que su pose recordaba a un petirrojo insectívoro de pintureros andares, que en mi tierra se le conoce con el nombre de “pichi”.

Siempre fui partidario de la denominación, de “el Pegaso”, apodo este debido, a que cuando reconvenía a algún alumno, entre frase y frase dejaba escapar un ruido que recordaba - con bastante exactitud - el producido al frenar un camión. - “Si vuelves a hacer eso...psssss…te fulmino…” era una de sus más preciadas expresiones.

No era de carácter - como antes mencioné - de lo que estaba falto nuestro hombre, aunque, como decía Don Fulgencio el director “Toda su fuerza se le iba por la boca...”. Frase esta que, pronunciada con frecuencia en público, despertaba el pitorreo general del alumnado, ya que era precisamente la expulsión de aire al hablar, lo que le había valido a Don Luis, uno de sus dos apelativos.

No obstante, el carácter de nuestro hombre quedaba, primero frenado y después anulado, en presencia de su esposa Margarita. Quiero decir, - naturalmente - “Doña Margarita”, funcionaria del cuerpo administrativo del Ministerio de Enseñanza y secretaria del centro docente, que tenía en posición de firmes desde el director, al último alumno, pasando naturalmente por su esposo, usando para ello de un mal carácter permanente, que le daba aire de preceptora del siglo XIX.

Doña Margarita – al margen de su talante - era sin dudarlo una experta total en pólizas, instancias, recursos y otras historias, entonces de fundamental valor, con las que ejercía su influencia en el instituto y en su presencia, el aire que Don Luis expelía con cada vocablo, perdía en escasos segundos casi todo su gas.

Nuestro hombre, seguía siempre los dictados que su esposa marcaba en lo administrativo y docente, y por supuesto en lo personal, de forma que antes de tomar esta o aquella resolución, consultaba con la vista el gesto de aprobación o repudio de su costilla, a la que jamás osaba contrariar en público y - por lo columbrado - aún menos en privado.

Un día con ocasión de una celebración docente y como cierre del acto, estaba previsto cantar – a instancias de Don Luis - el “Gaudeamus Igitur”, himno universal de los estudiantes, cuya letra casi nadie conoce, por lo que aunque sus primeras estrofas todos corean, al final del epinicio, solo una o dos voces - a lo sumo – quedan salmodiando el cántico.

Cuando empezaba a decrecer el número de corífeos y seguramente alentados por la impunidad del grupo, empezó a sonar de fondo una charanga que cantábamos en los recreos y, que acabó por imponerse a los cantores oficiales:

Que bonito el instituto,
            visto desde un aeroplano,
Que bonito es ver caer,
veinte bombas sobre él,
y dejarlo todo plano.
Rodeado de cañones,
y de fusiles también,
con “el pichi” solo dentro,
y nosotros fuera de él.
Mientras doña Margarita - presa de un síncope - era solícitamente atendida por Don Fulgencio, “el Pegaso” expelía sin cesar aire por las comisuras de sus labios, sin saber exactamente a quien dirigir su correctivo.

Una vez concluida la rechifla, el asunto se saldó con una falta de orden colectiva y consiguiente aviso a los padres.

En aquella época las bromas de este calibre - gamberradas en lenguaje oficial – eran siempre consideradas, como delitos de lesa patria.

                                                                                                                            J. M. Hidalgo