viernes, 15 de julio de 2016

Al César lo que es del César

En entradas anteriores de este blog, ya fuimos informados ( y deleitados) de la exposición "Gaona y el mar", en la que Rafael Vertedor y otros, relataban la misma así como a los intervinientes y los que generosamente habían cedido materiales.
El Instituto (profesores del mismo), acaban de participar en las X Jornadas sobre Patrimonio de los Institutos Históricos, Asociación que presido como ya he apuntado en otras ocasiones, y su comunicación, que transcribo más abajo, versa precisamente sobre esa exposición. Yo mismo les comenté previamente la labor no sólo de algunos de los ya citados en la entrada del blog, sino hasta la de un hermano mío, Federico.
Las comunicaciones a dichas Jornadas están a disposición en la web, por lo que sin impedimento os la traslado. www.asociacioninstitutoshistoricos.com ir a Jornadas realizadas, X Jornadas.
Pero se me viene a la memoria aquello de que "los éxitos tienen varias paternidades, los fracasos son huérfanos", con lo que concluyo en que la exposición tuvo que ser un éxito, de nuevo enhorabuena.
El lector que saque sus conclusiones.
Luis Castellón

COMUNICACIONES DE LAS X JORNADAS DE INSTITUTOS HISTÓRICOS (TERUEL, 30-VI AL 3-VII DE 2016)
El navío didáctico de San Telmo. Gaona y el mar Rafael Maldonado Majada & Francisco Ángel Pareja Pareja
I.E.S. Vicente Espinel. Málaga.
Resumen: El I.E.S. Vicente Espinel de Málaga celebró en noviembre de 2015 una exposición y una serie de actividades paralelas, que tenían como objetivo recuperar la memoria de las enseñanzas náuticas que se impartieron en la ciudad. Esta comunicación narra el contenido de la muestra ubicada en el Aula de Náutica del Instituto, centrándose en el principal elemento patrimonial de la exposición: la corbeta didáctica del siglo XVIII que usaban los alumnos en sus clases de Maniobra, junto a otros elementos relacionados con el mar y la navegación.
La exposición: objeto
La corbeta didáctica del antiguo Colegio de San Telmo regresaba al Instituto Vicente Espinel el pasado 26 de mayo de 2015, después de diecisiete años en los que estuvo expuesta en el Castillo de Gibralfaro. La recuperación de esta singular pieza era una magnífica ocasión para plantear una exposición que enseñara a la ciudadanía la trayectoria que tuvieron las enseñanzas náuticas en Málaga, desde la fundación en 1787 del Real Colegio de San Telmo hasta su desaparición en 1924 en el Instituto Provincial de calle Gaona.
La organización no pretendía exponer el navío de forma aislada, sino aprovechar esta oportunidad para contemplar la corbeta junto a los documentos, objetos y fotografías que explican su historia. Otra cuestión reseñable es que, una vez concluida la exposición temporal, el espacio expositivo se mantendría de forma permanente, pues gran parte del patrimonio exhibido en la muestra es propiedad del Instituto.
Meses después de la llegada del barco, entre el 6 de noviembre y el 4 de diciembre, se abrieron las puertas de la exposición “Gaona y el mar. El Real Colegio de San Telmo y las enseñanzas de náutica en el Instituto de Málaga”. La sala dedicada a la muestra, bautizada como “Aula de Náutica”, se sitúa en la primera planta del inmueble y se ha acondicionado para su nueva función. Esta dependencia, que pertenecía a la antigua casa de don Baltasar Guerrero, fue levantada en los inicios del siglo XVIII y constituye el núcleo más antiguo de la suma de edificios que forman el actual centro de enseñanza. Cabe señalar que junto al Aula de Náutica se encuentra el archivo, lugar que atesora una valiosa documentación imprescindible a la hora de investigar la historia de la institución.
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El navío didáctico de San Telmo
Hace casi 35 años, el domingo 20 de diciembre de 1981, el periódico SUR de Málaga publicaba un extenso artículo a cuatro columnas firmado por Francisco Pérez Triano, periodista y colaborador del diario: “Importante hallazgo realizado por alumnas del Instituto Vicente Espinel. Una corbeta de artesanía perteneciente a la Escuela Náutica de San Telmo”. En él se narraba el sorprendente descubrimiento que habían realizado un mes antes, por azar, unas alumnas del Instituto Gaona, conocido así por el nombre de la calle en la que se ubica.
La fundación del Real Colegio de San Telmo de Málaga en 1787 como institución competente destinada a formar pilotos para la Armada y para la Marina mercante es uno de los acontecimientos más notables de la Málaga del Setecientos. Málaga había experimentado en esos años un renacer a partir del crecimiento de su agricultura. Su puerto era uno de los más importantes del Mediterráneo, pero el monopolio del comercio con las Indias, que poseía Cádiz, dificultaba sobremanera la salida de sus géneros. En 1778 se produce la liberalización del comercio con las Indias, decisión promocionada por el ministro malagueño José de Gálvez. Es en este contexto en el que se promulga, en 1787, la Real Cédula de Carlos III fundando el Real Colegio de San Telmo de Málaga.
La formación práctica de los jóvenes aprendices en el mar era fundamental (se exigía un mínimo de cinco campañas a Indias para obtener el título de piloto), pero los alumnos también recibían enseñanzas teóricas y prácticas con métodos y materiales didácticos muy avanzados. Entre ellos se encontraba un modelo de navío, con su arboladura, jarcia, velamen y todo el aparejo necesario para la enseñanza práctica de las operaciones de zafarrancho y maniobras, que luego tendrían que realizar los alumnos en el mar.
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Sobre el navío didáctico de San Telmo los alumnos aprendían los términos técnicos de las partes de las que se componía una nave y la finalidad de cada pieza en particular, todas reducidas a escala, teniendo que saber manipularlas con precisión si querían triunfar en los exámenes; de la misma manera, tenían que dominar el conocimiento del velamen, plegando o desplegando trapo en función de la maniobra a realizar. Ello suponía la necesidad de que el navío
fuera un elemento didáctico tosco y resistente, en el que se subordinara la estética y la escala a la operatividad de sus distintos elementos sobre los que debería realizarse el aprendizaje, pues la única finalidad del modelo era que los estudiantes practicaran en él.
La corbeta didáctica reproducía un modelo de corbeta de guerra con veintiocho cañones de porte, de las denominadas corbetas de pozo, pues los cañones iban colocados en barbeta, es decir, únicamente en el puente de cubierta; sus dimensiones son disparejas: 2,73 metros de eslora entre perpendiculares -aumentando hasta 3,35 metros si incluimos el bauprés-, 1,23 metros de manga máxima, un puntal de 0,75 metros y una arboladura de 2,50 metros sobre cubierta; su aparejo consistía en tres palos cruzados que soportaban velas cuadradas en el mayor y en el trinquete, más dos en la mesana sobre la verga seca; el palo mesana aparejaba botavara y pico para la vela cangreja.
Corbeta de San Telmo. (Foto: Jesús Jiménez)
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La maqueta contaba con multitud de detalles técnicos que funcionaban perfectamente, pues debían permitir su manejo por los estudiantes. El timón estaba operativo. Igualmente funcionaban las bombas de achique, los pescantes y los cabrestantes. La arboladura, construida fuera de escala, permitía ser manejada con relativa facilidad, según la maniobra a realizar. Se trataba de que el barco resistiera las manos -hábiles o no- de los jóvenes aprendices, por lo que se construyó bastante fuerte, dándosele más importancia a la obra muerta. La mayoría de los barcos de la época tenían elementos decorativos muy característicos, que no existen en la embarcación didáctica.
La concepción de la corbeta como un material didáctico de uso cotidiano durante más de ciento veinte años hacía imprescindible un mantenimiento periódico, así como su sometimiento a reparaciones de mayor calado cada cierto tiempo. Los avances en las ciencias náuticas también debían reflejarse en la maqueta, evitando el riesgo de que el paso del tiempo la convirtiera en un elemento anticuado y anacrónico, en un objeto inútil muy alejado del propósito docente para el que fue construido. Aunque a partir de mediados del siglo XIX las embarcaciones a vela fueron gradualmente desapareciendo del intercambio comercial, todas las escuelas de Náutica europeas mantuvieron como elemento esencial de sus enseñanzas el conocimiento a fondo de la navegación a vela.
El Colegio de San Telmo prestó sus servicios a la ciudad hasta su supresión, en 1847. Un año antes, en 1846, había sido fundado el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza. En 1847, a pesar de la resistencia de los comerciantes de la ciudad, el Instituto absorbió las enseñanzas de Náutica. Desde entonces y hasta 1924, fecha de su definitiva desaparición, los estudios de Náutica siguieron impartiéndose en el Instituto de Málaga. A la calle Gaona se trasladó todo el material didáctico correspondiente a esas enseñanzas.
No conocemos en qué lugar exacto del edificio de calle Gaona estaba situada la maqueta en los años en los que permaneció allí como elemento didáctico. Las numerosas modificaciones arquitectónicas realizadas en el interior del edificio desde el año 1924, fecha en la que se clausuraron definitivamente las enseñanzas de Náutica, nos impiden contar con elementos a partir de los cuales pudiéramos deducir la ubicación exacta de la clase en la
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que ésta se encontraba.
Tras el cierre definitivo de los estudios de Náutica en 1924, todo el
material didáctico perteneciente a dichos estudios -integrado en el denominado “Caudal de San Telmo”- fue depositado en un aula del edificio de calle Gaona. Finalmente, el modelo didáctico quedó abandonado en un viejo almacén junto a objetos de agricultura, y definitivamente olvidado poco tiempo después.
Es muy probable que este tipo de navíos formaran parte de la dotación didáctica de las distintas instituciones creadas en la Edad Moderna para la formación de marinos civiles o militares, aunque no tenemos constancia de ningún otro que haya sobrevivido al paso del tiempo. Por otro lado, a partir de 1901 los Institutos Provinciales de Segunda Enseñanza fueron transformados en Institutos Generales y Técnicos, con la pretensión de reunir en ellos tanto los estudios de Bachillerato como las enseñanzas profesionales de grado medio (Magisterio, Comercio, Náutica, etc.). Desde esa fecha y hasta 1914, los estudios de Náutica solo se siguieron ofreciendo en los institutos de Baleares, Málaga, Gijón, La Coruña, Cádiz, Valencia y Alicante. En ninguno de ellos se ha conservado un patrimonio semejante.
Pocos meses después del descubrimiento, la Liga Naval Española elaboró un informe en el que, tras darse una visión general del estado del barco, se clasificaba el modelo detenidamente teniendo en cuenta su construcción como modelo para prácticas, se exponía su lamentable estado de conservación, se realizaba una valoración histórica y artística y se elaboraba una propuesta de trabajo para conseguir su recuperación. Pero la Liga Naval fue incapaz de conseguir la completa restauración de la corbeta. Hasta 1998, diecisiete años después de su descubrimiento, no se emprendió un proyecto integral de restauración, ejecutado a cargo del Ayuntamiento de Málaga, otorgándose como compensación por parte del Instituto –considerado en todo momento legítimo propietario de la maqueta- la cesión para la exposición de la misma durante 10 años en el centro de interpretación del Castillo de Gibralfaro. El informe de la restauración realizada entre mayo y junio de 1998 proporciona numerosos datos sobre los materiales utilizados en su construcción, la policromía aplicada y las técnicas constructivas empleadas, y realiza una valoración rigurosa sobre los daños de la maqueta y los factores que los
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provocaron.
Las décadas de abandono -los casi sesenta años transcurridos desde el momento en el que el modelo dejó de ser útil, pasando a ser un objeto con el que ya no había que tener ninguna precaución, hasta que se inicia su consideración como patrimonio cultural- en condiciones deplorables de almacenamiento facilitaron su deterioro extremo, y las erróneas intervenciones restauradoras realizadas sobre la maqueta en los años 80 no lo corrigieron adecuadamente. El equipo de la LNE que se hizo cargo de ella actuó sin un claro criterio restaurador, optando por sustituir elementos originales en la práctica totalidad del casco, lo que podía haberse evitado de haber prevalecido el mantenimiento y recuperación de los restos materiales conservados por encima de cualquier otra consideración funcional o de integridad formal.
El informe de restauración de la maqueta es terminante: “La maqueta naval de San Telmo estaba construida en origen con materiales y técnicas lo suficientemente avalados por la experiencia de los oficios como para asegurarle una duración indefinida en condiciones óptimas de conservación”. Por tanto, son los factores de origen humano los que han causado los daños más graves.
Cuando el año pasado desde el I.E.S. “Vicente Espinel” se planteó organizar la exposición “Gaona y el mar. El Real Colegio de San Telmo y las enseñanzas de Náutica en el Instituto de Málaga”, teníamos claro que la exhibición de la maqueta debía ser el elemento central de la muestra. Es intención del centro dedicarle un espacio permanente donde pueda ser admirada en su integridad después de más de cien años. Por ello, el Instituto propuso al Ayuntamiento la resolución del Contrato de Depósito y Obligación de Restauración, firmado en el año 1998. El 26 de mayo de 2015, día de san Felipe Neri, el navío de San Telmo regresó al caserón filipense de calle Gaona.
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Gaona y el mar. La exposición
Es evidente que cuando el visitante entra en el aula dirige su vista hacia el barco. Sin embargo, el interés de este espacio es contar mucho más. Los contenidos de la exposición se visualizan a través de un documental realizado por el profesor Rafael Maldonado y se estructuran en torno a siete áreas temáticas, representadas cada una de ellas por un panel explicativo bajo los siguientes títulos: Málaga y su puerto en la encrucijada de fin del siglo XVIII, El Colegio de San Telmo: Origen y organización, El navío didáctico de San Telmo, El Caudal y el Acueducto de San Telmo, Los nombres del Colegio, El viaje de prácticas y Las enseñanzas de Náutica entre 1847 y 1924.
Vista general del Aula de Náutica. Noviembre 2015. (Foto: Jesús Jiménez)
El recorrido comienza con un acercamiento al contexto histórico de la actividad portuaria de Málaga durante el reinado de Carlos III. De los primeros pasos del Real Colegio de San Telmo se muestran varios documentos especialmente valiosos, como la cartela conmemorativa de su fundación, realizada en madera dorada y conservada en el Instituto Nuestra Señora de la Victoria.
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Asimismo, se narra el plan de estudios que seguían los colegiales, la metodología o los materiales utilizados. Destaca el libro de las Ordenanzas emitidas en 1787 donde se regulaban los horarios, la vestimenta, la alimentación o el régimen de premios y castigos que seguían los alumnos.
Por último, contamos con la reproducción de un plano del edifico de principios del siglo XIX procedente del Archivo de la Marina Española “Álvaro de Bazán”. Gracias a él, podemos observar la distribución física de los espacios que se daba en el primitivo Colegio de San Telmo. De hecho, un aula del inmueble estaba bautizada como “Sitio del Navío y obrador de Maniobra”.
El siguiente eslabón de la exposición se centra en el análisis de la gestión económica de la institución, teniendo una especial trascendencia la relación que tuvo la escuela náutica con el Acueducto de San Telmo. Junto al panel explicativo, contamos con un arca o caja fuerte de hierro de tres llaves del siglo XVIII, perteneciente al Instituto Vicente Espinel, cuya existencia ya estaba requerida en las primeras ordenanzas de la institución.
Seguidamente, se describe el viaje de prácticas hacia América que debían realizar los alumnos para culminar sus estudios. Finalizada la travesía, los capitanes de los barcos certificaban los méritos adquiridos y el colegio examinaba al alumnado para expedir su titulación de piloto o pilotín. Además, el archivo del centro cuenta con documentos como un impreso de la Real Ordenanza que fijaba las obligaciones que debían seguir los colegiales durante la navegación.
Son miles los protagonistas que pasaron por las aulas de San Telmo y por el edificio de calle Gaona, en calidad de profesores o alumnos. Por esa razón, sólo se narran algunos ejemplos que nos sirven para ilustrar la vida de la institución. Sobre los alumnos, se describen los dos tipos que existían. En primer lugar, estaban los porcionistas de pago, procedentes de familias acomodadas. El segundo grupo lo formaban los colegiales de número, que eran la mayoría de los matriculados y que procedían de familias humildes. Esta información se ilustra con un fragmento de la ficha del colegial Manuel Ortega o con la documentación del italiano Melchiore Quarteraro.
Para acabar esta sección, los fondos del archivo del instituto han hecho posible mostrar parte de la vida de algunos alumnos como Pedro Blanco. A través de su hoja de estudios, podemos conocer su descripción física, sus
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datos familiares y los resultados académicos que obtuvo, hasta su embarque en 1810 para realizar un viaje de prácticas que no concluyó. En ese momento se asentó en Cuba, donde años después se convirtió en uno de los mayores traficantes de esclavos del siglo XIX. Su llamativa biografía, sirvió para que en 1933 el escritor Lino Novás novelara su vida bajo el título de “El negrero”.
El último capítulo de este periplo analiza la historia de las enseñanzas náuticas desde el cierre del Colegio de San Telmo en 1847 hasta la desaparición de la última escuela de calle Gaona en 1924. Durante este periodo, los citados estudios se ubicaron en el recién nacido Instituto Provincial, al que se mudaron los alumnos, los profesores y los materiales didácticos, entre los que estaba el navío.
Esta etapa ha dejado huellas en el archivo del Centro que están presentes en el Aula de Náutica. De hecho, se ha incorporado en una de las paredes una frase extraída del discurso u oración inaugural del curso de 1850- 1851, que constata la convivencia en el mismo edificio de ambas enseñanzas. El texto dice así: “El Instituto de Málaga (...) ha llegado a ser uno de los mejores de España, pues además de las asignaturas que comprende la Segunda Enseñanza, quizá sea el único en que se enseñe Náutica”.
En la exposición se muestra una colección de cartas de navegación que se utilizaban en las clases y un gran mapa físico del hemisferio oriental, que procede de los fondos cartográficos conservados en el Departamento de Geografía e Historia.
Desgraciadamente, de los demás instrumentos necesarios para la docencia que tuvo la escuela no conservamos nada. No obstante, hemos tenido la gran suerte de contar con préstamos de objetos relacionados con la navegación y la formación náutica, que fueron cedidos por diferentes colecciones particulares de la ciudad.
Conclusiones
A lo largo del mes que ha estado abierta la muestra, se ha desarrollado un completo programa que ha incluido visitas guiadas a los edificios del antiguo Colegio de San Telmo y del instituto de calle Gaona. Se ha hecho un esfuerzo en la divulgación de contenidos a través de los medios de comunicación y de varias publicaciones como las revistas “Cuadernos del Rebalaje” e “Isla de
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Arriarán”. Además, han tenido lugar varias mesas redondas y una conferencia que se han acercado al pasado y al presente y se han asomado al futuro del mar en nuestra ciudad.
El departamento de Geografía e Historia del I.E.S. “Vicente Espinel” se ha marcado como objetivo a medio plazo la redacción y edición de materiales didácticos que faciliten una visita a los contenidos de la exposición. Estos materiales se difundirán a través de la Delegación de Málaga y del Centro de Profesores entre todos los colegios e institutos de la provincia.
Por último, nos planteamos, con el apoyo de la Administración, realizar una oferta desde el Instituto de estudios profesionales dirigidos a actividades náuticas, actualmente muy escasa en Andalucía y muy concentrada en Cádiz, vinculando así nuestro futuro a las raíces que arraigaron hace ya más de doscientos años en nuestra historia.


sábado, 7 de mayo de 2016

Imágenes de recordados

En mi baúl de recuerdos, cada vez que lo abro salen cosas que sabía que en algún lado estaban, pero las muy ladinas se escurren. En esta ocasión he pillado algunas de ellas. Tengo que advertir que como empecé a hacer fotografías en 4º de Bachillerato, justo el año en que nos trasladaron al edificio de Martiricos, por eso no figura ninguna anterior.
Pido perdón, pero la cámara era una Werlisa de 500 pesetas aproximadamente y no se le podían pedir florituras aún para el dinero de la época. Si es verdad que en estas fotos salen algunos reiteradamente referidos en este blog, y de los que encontrar imágenes es muy difícil.

Va la primera:


Pues si, a la derecha Dña. Elena Villamana junto a Dña. Rosa Caballero. Entre la tropa, abajo, de izquierda a derecha García Molina, Fermín Alés, Meléndez, Pepe Baena, Bañares, la frente de Rodríguez Montes, Fernando Álamos y detrás asoman, Martín Rando, Martín López  y Andrés Campos. Que me disculpe el resto pero la imagen no da para más. Año 1963.

Otra aún mejor en contenidos, ya que la calidad es muy discutible:



¡¡¡Si señor!!!, EL TOSCO, accedió a posar con nosotros con un gesto de extrañeza, pero lo hizo. Rodeado por Pepe Infantes Martos, Jorge Márquez Carretero, Felicísimo Muriel, Alfredo García Lopera ("el perdigón", mirándole fijamente), nuestro colaborador en el blog Sanchez Gallego y de nuevo Fernando Álamos.
En el centro, rodeada de una masa de alumnos, Dña. Julia Churtichaga profesora de Francés.

Pues no queda aquí la cosa:



De nuevo EL TOSCO, un poco de respeto que para eso lo imponía, Dn. Ángel Blázquez. Es difícil creer que se le pudiera hacer una foto explicando salvo el relajamiento que supone una salida o una excursión. En este caso en la entrada de la Cueva de El Romeral en Antequera; el gesto de las manos obedece a la explicación sobre como se habían superpuesto las rocas en cúpula de una forma estable.
Una maravilla. Año 1962.

Para terminar esta entrada añado una que suscitará comentarios:



Oficialmente, a partir de ese día ya estábamos en Martiricos. Tras dos años de "okupas" como se diría ahora, el ministro Lora Tamayo procedió a la inauguración oficial. Ya habían aparecido grietas en algún muro. Dn. Eduardo García Rodejas que se jubiló el mismo año del traslado se subía por las paredes señalando los desperfectos, y no digamos cuando insectos reptadores se colaban por el aula. El diseño del edificio, Fisac, indiscutible, pero la ejecución de las obras como de costumbre.
Al ministro se le está entregando una placa conmemorativa por parte de alumnos que recuerdo los "seleccionó" Dña. Elena Villamana y reconozco a dos de los tres, Bustamante y Cristófol, que me perdone el tercero.

Espero que os hayan entretenido.

Un fuerte abrazo de Luis Castellón    




martes, 2 de febrero de 2016

¿Nubarrones en el horizonte?

Queridos todos los de este colectivo:

Por motivos cuyo detalle no viene al caso, pero si inherentes a la defensa que desde la Asociación Nacional de institutos históricos hacemos de los mismos y que hoy por hoy sigo presidiendo, los otros días me entrevisté en Sevilla con un altísimo cargo de la Consejería de Educación, el Secretario General, y en la conversación entre otras cosas salió el "Gaona" como se le conoce ahora.
Parece que vuelven a la carga de desalojar el instituto del edificio y darle otros fines.
Sin entrar en la historia del edifico, que si convento de los Filipenses, etcétera. Supone un palo fuerte, al menos para mi que pienso que las prioridades en los usos de edificios históricos no deben establecerse según "rangos educativos" muy discutibles y máxime cuando los usos han cristalizado en la historia local de forma inequívoca.
Que el edificio es muy goloso, cierto; que las estadísticas y papeles que manejan en la administración ahora dicen que no es rentable por el escaso alumnado y que la escolarización en esa zona puede ser cubierta por otros centros ya me irrita, puesto que es de forma indirecta desviar alumnos a la privada. Parece que la enseñanza pública no es merecedora de esas ubicaciones. Ahora se dirá que no se elimina el instituto, que se trasladará a otro edificio "más funcional" (tiemblo con esto), o más simple, que se absorbe por otro ya existente.
Y lo peor es que la comunidad educativa tiene poco margen de maniobra.
Lo que digo no es nostalgia, aunque algo hay, sino defensa de la enseñanza pública y del respeto y consideración que merece.
Esta idea (sobre el edificio) ya se barruntó hace años y parece que perdió fuerza pero que ahora la ha retomado y con cierta magnitud. Al loro.

Un fuerte abrazo
Luis Castellón

sábado, 5 de diciembre de 2015

El Aula del Mar en el Gaona

El pasado miércoles 2 de diciembre, un grupo de ex-alumnos de la promoción 54-60, estuvimos visitando la Exposición dedicada a "Gaona y el Mar" ubicada en el antiguo Gaona, hoy IES "Vicente Espinel", en la llamada Aula del Mar.

Uno de los componentes del grupo, nuestro amigo Carlos Navarrete, Capitán de la Marina Mercante, nos estuvo ilustrando la visita explicándonos la utilidad de los diferentes objetos expuestos.

Yo me voy a limitar a poner la fotos que hicimos e invito a Carlos a que las comente, haciendo la descripción de los objetos que aparecen y su utilidad en la enseñanza y en la navegación.


Aceptando la invitación de Rafael Vertedor, diré que:

La exposición hace memoria de las desaparecidas enseñanzas de Náutica de Málaga, que se impartieron primero en el Real Colegio de San Telmo (de 1787 a 1847) de la calle Compañía -hoy el edificio que comparten el Colegio de Prácticas número 1 y el Ateneo- y a partir de 1847 hasta 1924 en el Instituto de Gaona.


La joya del "Aula del Mar" es -sin duda- la corbeta "San Telmo" que es también el motivo principal de la exposición. El barco es un modelo didáctico destinado al aprendizaje de la nomenclatura de arboladura, jarcias y velas y a explicar su manejo para realizar las maniobras necesarias en este tipo de buques. Su valor radica en sus más de doscientos años de historia, muchos de los cuales sirvieron para la formación de marinos en el Real Colegio de San Telmo inicialmente y en la escuela de Náutica del Gaona después.


La corbeta adquirirá toda su vistosidad cuando se finalicen detalles pendientes de acabado en la arboladura y jarcia firme y -sobre todo- cuando se monte el velamen y su jarcia de labor.


De izquierda a derecha, Rafael Vertedor, Jesús Verge, Paco García Aguilar, Miguel Valenzuela, Ricardo de la Torre y Carlos Navarrete

Rodeando un modelo de aguja giroscópica cedido por la colección de Dirk López D´Hont.


En la vitrina que escolta Miguel Valenzuela se muestran diversos equipos, maquetas e instrumentos náuticos. Entre ellos figuran dos magníficas correderas (equipos que miden las millas navegadas y/o la velocidad del buque) cedidas por la gran colección de antigüedades náuticas de Dirk López D´Hont.

La situada en el estante superior es una corredera de barquilla  sobre la que expliqué a mis amigos y condiscípulos el origen de la palabra “nudos” como unidad de medida de la velocidad de un barco. La situada en el tercer estante es una corredera mecánica de hélice marca Walker que empezó a utilizarse a finales del siglo XIX y que yo  utilicé en mi primer barco como alumno de náutica.




La exposición, muestra un buen número de interesantísimos  documentos originales pertenecientes al archivo del Instituto de Gaona: Cartas Náuticas, libros de ordenanzas,  de ejercicios, de limpieza de sangre  y registros de alumnos como  Pedro Blanco, famoso negrero a quien el cubano Lino Novás  dedicó una novela  y  de otros marinos malagueños que lucharon en Trafalgar, murieron en naufragios o navegaron como buenos pilotos y capitanes por todos los mares del mundo.




También figuran maquetas de gran valor de un jabeque y del navío de línea “Victory” cedidas por el Astillero Nereo, fotografiadas más arriba.

Adornan el aula dos marinas de gran formato cedidas por el renombrado marinista malagueño Vicente Gómez Navas (que también fue marino mercante) representando el puerto de Málaga en el siglo XIX.



Como contrapunto a la "veteranía" de nuestro grupo, traemos a continuación la juventud de dos estudiantes de Historia, de la facultad de Filosofía y Letras, que han participado activamente en la exposición. Como ellos dicen: 
Alicia Marchant, nuestra profesora actual de Acceso a las Fuentes de Información Histórica, nos ofreció ser partícipes de esta maravillosa exposición. Aceptamos la propuesta sin dudas, cuando vimos cuan rico es históricamente el Instituto Vicente Espinel, admirando así la historia de Málaga y su relación con el mar".

Miguel Ángel González Marín y Raquel Díaz Santamaría , estudiantes de tercer curso de Historia


El video que aparece a continuación es el que se ha editado para promocionar la Exposición y Jornadas Culturales llamadas Gaona y el Mar

Queremos -desde aquí-  felicitar  a Víctor M. Heredia, Rafael  Maldonado y Francisco Pareja por su iniciativa y por su trabajo,  así como a la directora y a la comunidad educativa del Instituto “Vicente Espinel”  por el éxito alcanzado.




Entrada realizada por:
Carlos Navarrete Trigueros
Rafael Vertedor Sánchez


viernes, 20 de noviembre de 2015

Málaga y el Mar en la Historia

Aunque el título de la entrada os pueda parecer alejado del objeto al que está mayormente dedicado este blog, voy a explicar a continuación qué conexión tiene.

Dentro de los actos programados en la  Exposición y  actividades culturales denominadas  Gaona y el Mar, que probablemente muchos conocéis y a las que hacíamos referencia en una entrada anterior de este blog, para ayer estaba anunciada la celebración de una mesa redonda bajo el mismo título que esta entrada y que tuvo lugar en la cripta del Gaona.



La mesa estaba formada, de izquierda a derecha, por
  • Isabel Grana Gil. Profesora de la UMA
  • Juan Carlos Cilveti Puche. Médico, escritor e investigador sobre temas marinos
  • Victor M. Heredia. Profesor de Historia Económica y Comisario de la Exposición, que actuó como moderador
  • Carlos Navarrete Trigueros. Capitán de la Marina Mercante
  • Francisco Cabrera Pablos. Profesor de Historia
Muy interesantes las intervenciones de todos ellos, pero "barriendo para casa", nos vamos a centrar en la de Carlos Navarrete, por su calidad de antiguo alumno del Gaona, entrañable compañero y amigo de la promoción 1954-60.

El contenido de su muy interesante intervención, que ocupa siete páginas, lo pongo en el siguiente enlace que recomiendo pinchéis para disfrutar de su lectura

Intervención de Carlos Navarrete

Apartándome del tema principal, quisiera comentar que se habló de que esta Exposición y Jornadas Culturales deberían haberse llamado Gaona y la Mar. Entiendo que esa reivindicación de referirse a la mar utilizando el género femenino en lugar del masculino, también correcto en nuestro idioma, la hacen los hombres de mar. Carlos Navarrete es uno de ellos, con sus 36 años de profesión como marino.
Me gustaría pedirle que algún día nos explicara porqué esa preferencia, aunque lo podamos intuir

domingo, 15 de noviembre de 2015

AQUEL PREUNIVERSITARIO (1958-1959): LA PRUEBA DE MADUREZ

El número total de estudiantes que realizaron la prueba de madurez del curso Preuniversitario en el distrito universitario de Granada en la convocatoria de junio de 1959 fue de 904. El examen comenzó el lunes 15 de junio que era el límite a quo previsto en la normativa que lo regulaba. Dado que un tribunal no podía examinar a más de 300 estudiantes el rectorado nombró tres para la prueba común, dos para la específica de ciencias y uno para la de letras. Por el alto número de matriculación de los alumnos de nuestro instituto fuimos examinados ante el tribunal nº 3 que presidía don Emilio Orozco Díaz, catedrático de Historia de la lengua y de la literatura, los vocales don David Gonzalo Maeso de Lengua y literatura hebraicas, don Juan Sánchez Montes de Historia general de la cultura y don Agustín de Asís Garrote de Derecho natural y filosofía del derecho, actuado como secretario el catedrático de Derecho procesal don Jorge Carreras Llansana. Este tribunal se encargó de la valoración de los alumnos con número de matriculación desde el 630 al 904. Yo tenía el número 803 de matrícula.
Nos coloraron en un aula, no recuerdo bien si de la Facultad de Derecho o de la de Ciencias que se encontraban en edificios diferentes colindantes y comunicados entre si. Esta última con entrada por la calle Duquesa y la primera por la plaza de la Universidad. Allí íbamos a realizar la prueba escrita del primer ejercicio que tendría una duración de hora y media y se nos repartió para comentar un texto de unas veinte líneas que comenzaba así: “De los males que el liberalismo introdujo en nuestra patria fueron los peores los que afectaron directamente a la constitución social de la familia.” Era un fragmento de un discurso del general Franco y se trataba de un texto condenatorio del papel que había jugado tal corriente de pensamiento en la disolución de la familia. Obviamente, lo teníamos que analizar a la luz de la información que nos había aportado don Fulgencio Egea Abelenda. Desgraciadamente no recuerdo como resolví una situación tan comprometida. Cuando terminé el ejercicio entendí cabalmente la grandeza de nuestro profesor de filosofía y mi admiración por él no ha sido pasto del tiempo. Nos dio, al menos a mí, una gran lección de coherencia, aunque ello supusiera poner en situación de riesgo a los estudiantes. No recuerdo si hubo algunas preguntas relacionadas con los monográficos sobre Hernán Cortés e Italia.
Sorprendentemente me examinó del idioma moderno (francés) el profesor Antonio Llorente Maldonado de Guevara que era catedrático de Gramática general y crítica literaria además de ser primo de mi tío José Maldonado Cabrero. Y manifiesto mi extrañeza porque don Antonio era miembro del tribunal nº 2 ¿Acaso se trató de un intercambio de alumnos cuando había un interés personal? Tuve que traducir un fragmento del libro Comédies et proverbes de Alfred de Musset. Tengo la convicción que fue generoso en su calificación y este hecho debió compensar la baja nota que debieron otorgarme en la prueba escrita. Lo que escribí sobre la familia no debió ser muy del agrado de los profesores encargados de evaluar la prueba.

Las calificaciones de esta primera prueba aparecieron, creo recordar, el viernes 19 a última hora de la tarde. Satisfecho por el resultado decidí emplear el fin de semana en visitar algunos lugares de Granada. Con Rafael Ángel Gil Rivas, Luis Mezquita Bernad, Luis Camarillo García, José Manuel Bravo Muñoz, Fernando Marti Pallarés, Antonio Maíz Martín, Juan Díaz Pardo, Antonio Lara García, Antonio Domínguez Martín y algunos otros nos dedicamos a recorrer La Alhambra, los jardines del Generalife y el palacio de Carlos V. Desde sus torres pudimos contemplar toda Granada y su vega. También callejeamos y tomamos algunas fotografías en distintos lugares de la hermosa ciudad. Fueron unas horas de asueto y relajación preparatorias para iniciar el último esfuerzo previsto para el siguiente lunes. La prueba específica fue realizada ante el tribunal nº 2 de ciencias que presidía don Fermín Capitán García, catedrático de Química analítica, el vocal don Diego Guevara Pozo, catedrático de Parasitología y actuando como secretario don Francisco de Asís Sales Vallés, catedrático de Estadística matemática y cálculo de probabilidades.

Afortunadamente como don Eduardo García Rodeja era un hombre muy religioso, el cielo no podía abandonarle en aquel trance y dejarlo en evidencia. Para el examen escrito de la prueba específica nos salieron “los pececitos del mar”. Supongo que la mayoría de nosotros respiró, al menos ese fue mi caso. Creo recordar que la prueba tenía algo que ver con el tema 11 dedicado al conocimiento de las grandes pesquerías españolas y mundiales. Yo salí satisfecho de mi examen. Además visto a posteriori la composición de tribunal con inexistencia de especialistas todo apunta hacia una corrección cuanto menos generosa, cosa que también ocurría en el tribunal del primer ejercicio. Tal vez esta ausencia de reales especialistas en aquellos temas monográficos propició –al menos en la Universidad de Granada- el alto porcentaje de aprobados en las dos convocatorias de ese año que alcanzó el 76’46%, siendo la media nacional el 56’8%.
Ya sólo quedaba la temida prueba oral de matemáticas que se realizaba ante don Francisco de Asís Sales, el único miembro del tribunal con suficientes conocimientos matemáticos. En mi caso se efectuó el miércoles 24 de junio. Tuve que resolver el problema 376 cuyo enunciado era el siguiente: “Dada la función y=√x2-a que pasa por el punto (4,0), determinar: 1º) El valor de a, 2º) Las ecuaciones de las tangentes en los puntos de abscisa: x=5, 3º) El área del triángulo formado por dichas tangentes y el eje de ordenadas y 4º) El volumen del cuerpo engendrado por dicho triángulo al girar sobre el eje de abscisas”. Se trataba de un clásico problema de geometría analítica, la parte de las matemáticas más de mi agrado y para cuyo aprendizaje había gozado de excelentes profesores, entre ellos don Valentín Aldeanueva. Por otra parte conocía muy bien la función de función que específicamente había constituido el tema 84 de ciencias en la revalida de sexto curso. En la pizarra dibujé los ejes de coordenadas cartesianas y calculé el valor de a sustituyendo los valores de x e y en la función
0=√(42 –a)
a=16

Continué el desarrollo del problema buscando la pendiente (coeficiente angular) para lo cual elevé al cuadrado los dos términos de la función             
y2=x2-a
2yy’=x2-a
y’=x2-a/2y

 Llegado a este punto y por consiguiente sin haber alcanzado todavía tres de los cuatro resultados que se pedían, don Francisco de Asís me detuvo y me preguntó qué era y’; yo te respondí que era la pendiente obtenida por función de función y aquí terminó mi examen. Había quedado expedito el camino hacia el mundo universitario.



En esta foto se identifican: Luis Mezquita, Antonio Lara, Antonio Domínguez y Juan L. Carrillo



Identificados: Antonio Maíz, Luis Camarillo, Lara, Mezquita y Carrillo



Identificados: Ángel Gil Rivas, José Manuel Bravo, Juan Díaz, Fernando Martí, Domínguez y Carrillo